viernes, 27 de diciembre de 2013

Tú y yo

Oh, vida mía, quisiera seguir a tu lado,
quisiera rozar tus labios,
al menos una vez más,
quisiera acariciar tus mejillas,
y sentirte cerca…

Te veo día a día,
siento como tu luz desaparece,
me siento culpable por dejarte sola,
porque aunque estoy a tu lado,
tú ya no puedes verme…

Cada vez te encierras más en ti,
te alejas de los demás,
de la gente que te quiere,
te encierras en tu cuarto,
y lloras…

Sé que es por mí,
me siento mal,
no puedo descansar en paz,
sabiendo que sufres,
que estás muriendo en vida…

No encuentro la forma de ayudarte,
yo ya no puedo consolarte,
ni siquiera soy capaz de tocarte,
solo puedo mirarte y llorar contigo,
mientras tu corazón sangra en el silencio…

Un día como otro cualquiera,
llegas a tu casa del colegio,
yo no me he separado de ti,
pero estás rara,
estas demasiado extraña…

Vas directamente a tu habitación,
escribes algo en un papel,
coges algo de un cajón,
te diriges al baño con tesón,
yo me acerco a la carta y leo “Adiós”…

Corro al baño y encuentro sangre,
todo es escarlata,
tus ojos se han vidriado,
y veo tu vida escaparse por tus venas,
Sangrando ante mis ojos…

Te intento abrazar y agarro vacío,
grito, lloro y suplico ayuda,
pero nadie me oye,
y con cada minuto estás más fría,
cada vez estás más pálida…

De repente, quedas completamente inerte,
tu mirada es la de una muñeca,
fría y fija en un punto incierto,
esa imagen me deja congelado,
me acurruco en un rincón…

Pasa el tiempo, tus padres llegan,
te llaman, yo les escucho, tu no,
suben a tu habitación, tu madre abre la puerta,
y grita, tu padre corre y se queda destrozado,
tu madre te zarandea y ruega que te quedes con ella…

Yo sé que no es posible,
que tú ya no estás con ellos,
que ahora perteneces a este mundo,
a mi mundo, al que yo fui arrastrado,
y al que tú te has precipitado…

Me voy de la habitación,
voy a un parque cercano,
me siento en un banco,
y recuerdo como todo se torció,
recuerdo mi accidente y mi muerte…

Recuerdo tu tristeza, tu llanto y tu soledad,
pero no llego a comprender,
por qué te has rendido,
por qué has abandonado vivir,
por qué no aprecias lo que a mí me ha sido arrebatado…

En un instante, todo cambia,
escucho tu voz,
creo que estoy soñando,
pero no, es verdad, estás ahí,
estas justo en frente de mi…

me sonríes y lloras, sonrío y lloro,
por un momento olvido todo,
creo que es una tarde más,
que todo ha sido una pesadilla,
que estamos juntos de nuevo…

Pero cuando llegas hasta mí,
la burbuja estalla,
comprendo porque me ves,
yo estoy muerto y tú también,
me entristezco y tu mirada se oscurece…

Sabes que se lo que has hecho,
estas avergonzada, pero no aguantabas más,
es eso ¿no? Me echabas de menos,
pero ese no es motivo para suicidarte,
no es motivo para dejar de vivir…

Veo el remordimiento en tu mirada,
pero también veo que es por mí,
no por tus actos, leo claramente que no te arrepientes,
que lo que has hecho te ha traído hasta mí,
y que lo volverías a hacer…

El tiempo se detiene,
sonrío y te estrecho entre mis brazos,
tú me abrazas con todas tus fuerzas,
lloramos uno en el hombro del otro,
al fin juntos, al fin unidos…

Levanto tu cara suavemente,
nos acercamos lentamente,
siento tu respiración, y finalmente tus labios,
una luz brillante nos invade,
y ya no queda nada,
solo tú y yo… en una oscuridad absorbente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario