Oh, vida mía,
quisiera seguir a tu lado,
quisiera rozar tus
labios,
al menos una vez más,
quisiera acariciar
tus mejillas,
y sentirte cerca…
Te veo día a día,
siento como tu luz
desaparece,
me siento culpable
por dejarte sola,
porque aunque estoy a
tu lado,
tú ya no puedes
verme…
Cada vez te encierras
más en ti,
te alejas de los
demás,
de la gente que te
quiere,
te encierras en tu
cuarto,
y lloras…
Sé que es por mí,
me siento mal,
no puedo descansar en
paz,
sabiendo que sufres,
que estás muriendo en
vida…
No encuentro la forma
de ayudarte,
yo ya no puedo
consolarte,
ni siquiera soy capaz
de tocarte,
solo puedo mirarte y
llorar contigo,
mientras tu corazón
sangra en el silencio…
Un día como otro
cualquiera,
llegas a tu casa del
colegio,
yo no me he separado
de ti,
pero estás rara,
estas demasiado
extraña…
Vas directamente a tu
habitación,
escribes algo en un
papel,
coges algo de un
cajón,
te diriges al baño
con tesón,
yo me acerco a la
carta y leo “Adiós”…
Corro al baño y
encuentro sangre,
todo es escarlata,
tus ojos se han
vidriado,
y veo tu vida
escaparse por tus venas,
Sangrando ante mis
ojos…
Te intento abrazar y
agarro vacío,
grito, lloro y
suplico ayuda,
pero nadie me oye,
y con cada minuto
estás más fría,
cada vez estás más
pálida…
De repente, quedas
completamente inerte,
tu mirada es la de
una muñeca,
fría y fija en un
punto incierto,
esa imagen me deja
congelado,
me acurruco en un
rincón…
Pasa el tiempo, tus
padres llegan,
te llaman, yo les
escucho, tu no,
suben a tu
habitación, tu madre abre la puerta,
y grita, tu padre
corre y se queda destrozado,
tu madre te zarandea
y ruega que te quedes con ella…
Yo sé que no es
posible,
que tú ya no estás
con ellos,
que ahora perteneces
a este mundo,
a mi mundo, al que yo
fui arrastrado,
y al que tú te has
precipitado…
Me voy de la
habitación,
voy a un parque
cercano,
me siento en un
banco,
y recuerdo como todo
se torció,
recuerdo mi accidente
y mi muerte…
Recuerdo tu tristeza,
tu llanto y tu soledad,
pero no llego a
comprender,
por qué te has rendido,
por qué has
abandonado vivir,
por qué no aprecias
lo que a mí me ha sido arrebatado…
En un instante, todo
cambia,
escucho tu voz,
creo que estoy
soñando,
pero no, es verdad,
estás ahí,
estas justo en frente
de mi…
me sonríes y lloras,
sonrío y lloro,
por un momento olvido
todo,
creo que es una tarde
más,
que todo ha sido una
pesadilla,
que estamos juntos de
nuevo…
Pero cuando llegas
hasta mí,
la burbuja estalla,
comprendo porque me
ves,
yo estoy muerto y tú
también,
me entristezco y tu
mirada se oscurece…
Sabes que se lo que
has hecho,
estas avergonzada,
pero no aguantabas más,
es eso ¿no? Me
echabas de menos,
pero ese no es motivo
para suicidarte,
no es motivo para
dejar de vivir…
Veo el remordimiento
en tu mirada,
pero también veo que
es por mí,
no por tus actos, leo
claramente que no te arrepientes,
que lo que has hecho
te ha traído hasta mí,
y que lo volverías a
hacer…
El tiempo se detiene,
sonrío y te estrecho
entre mis brazos,
tú me abrazas con
todas tus fuerzas,
lloramos uno en el hombro
del otro,
al fin juntos, al fin
unidos…
Levanto tu cara
suavemente,
nos acercamos
lentamente,
siento tu
respiración, y finalmente tus labios,
una luz brillante nos
invade,
y ya no queda nada,
solo tú y yo… en una oscuridad absorbente.
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